Se presume que soy donante

Donar un órgano estando vivo es un acto de generosidad que como toda donación requiere el consentimiento del donante, faltaría más. Los fallecidos también tienen órganos que pueden ser útiles pero, por razones obvias, no es fácil obtener de ellos el consentimiento.

Es cierto que la figura de un procurador judicial no es necesaria en estas circunstancias pero consideramos importante conocer la legislación en esta materia.

Para no desperdiciar dichos órganos nuestra legislación hace una presunción de generosidad de todos los ciudadanos y nos declara a todos donantes de nuestros órganos para el día de nuestra muerte, si no hemos manifestado lo contrario.

La Ley 30/1979 de 27 de octubre sobre extracción y trasplante de órganos, dice en su artículo 5 que la extracción de órganos u otras piezas anatómicas de fallecidos podrá realizarse con fines terapéuticos o científicos, en el caso de que éstos no hubieran dejado constancia expresa de su oposición.

El Reglamento aprobado por R.D. 1723/12 de 28 de diciembre, en su artículo 9 desarrolla el anterior precepto añadiendo que el responsable de la coordinación hospitalaria de trasplantes, deberá investigar si el donante hizo patente su voluntad a alguno de sus familiares, o a los profesionales que le han atendido en el centro sanitario, a través de las anotaciones que los mismos hayan podido realizar en la historia clínica, o en los medios previstos en la legislación vigente y examinar la documentación y pertenencias personales que el difunto llevaba consigo, todo ello con la finalidad de comprobar si el fallecido se había opuesto a la donación.

Si no decimos nada, seremos fallecidos donantes. Para descubrir nuestra voluntad básicamente se pregunta a los familiares.

A mí me parece bien. Ya sea procurador judicial, médico o deportista, ¿para qué quiero yo mis corneas después de muerto?

Otros sin embargo pueden opinar lo contrario: pues que prediquen a los cuatro vientos que no quieren donar sus órganos después de muertos. Se pueden hacer un tatuaje en la barriga.

Dediquen un momento a pensar sobre la posibilidad de que los familiares mientan sobre la voluntad del fallecido. Considero – y deberá ser así en la práctica- que prosperará su voluntad tanto si acceden a la extracción constándoles que el fallecido no quería, como si manifiestan que el fallecido se oponía a la donación cuando pensaba justo lo contrario. Estamos en sus manos a menos que haya un documento inequívoco que manifieste la voluntad del fallecido y que el responsable de la coordinación hospitalaria de trasplantes lo descubra.

Si no hay familiares prima la presunción de generosidad

¿Y si los familiares se contradicen sobre la voluntad del fallecido? Me parece que estaremos en manos del responsable de la coordinación hospitalaria de trasplantes que para eso tiene ese cargo con ese nombre tan largo y que es el que investiga la voluntad del fallecido.

En Sevilla Flores ponemos a su disposición el servicio del procurador judicial para su asesoramiento procesal o representación en cualquiera de los partidos judiciales de la Región de Murcia.

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